- Una razón para no morir.
Eva.
Su fría belleza está resaltada por unos rizos rubios que le caen en perfectos bucles enmarcando su pálida cara y haciendo destacar esos ojos azul brillante que dejarían sin aliento a cualquier chico.
Pero yo no soy ese chico. Yo soy su enemigo, su inmortal contrincante en este juego que es la vida.
Dije que ella era una razón para no morir, y lo es. Porque si yo muero, ella ganará. Y pase lo que pase, yo no quiero eso.
No penseis mal de mí. No suelo ser tan capullo, pero es que es por su culpa por lo que nos encontramos en esta situación. Si no hubiera cogido la maldita manzana.
Pero claro, ella tenía que hacer honor a su nombre y cagarla. En fin, son cosas que pasan.
- Oye, un respeto. ¡Que fuiste tú quien me incitó a hacerlo! Sí, vale, yo cogí el dichoso fruto, pero ¿quién se iba a imaginar que el viejo iba a ser un maldito brujo?
Y ya que vas a contar la historia cuéntala bien. Vale que me odies y todo ese rollo, Adam, pero por lo menos se honesto. Ellos se lo merecen.
- Por dios Eva, quedate callada, es mi momento de contar lo que pasó y no voy a poder hacerlo si me interrumpes cada cinco minutos.
Por donde iba. Ella cogió la manzana y me la tendió para que la mordiera. Hay que decir que era apetitosa, toda roja como la tentación y demás, pero ella fue la mano hacedora, la que realizó todo el mal. Yo solo fui la víctima que ahora paga por todas las consecuencias.
- Ya estamos. Siempre igual. "Yo fui la víctima" ¿Es que nunca te cansas de repetir lo mismo?
- No.
- ¡Bah!
Escuchadme bien, la cosa fue que ese tonto de ahí y yo éramos muy buenos amigos y nos divertíamos andando juntos por las calles de nuestro pueblo. Nos conocíamos desde pequeños y la verdad es que nunca nos llevamos muy allá con el resto de los niños de alrededor.
Esa tarde, estabamos aburridos sentados en el muro de el final de la calle cuando a Adam se le ocurrió la idea de entrar en la finca del viejo Snake. Y, a pesar de que siempre nos habían dicho que no le molestáramos, que a él no le gustaban los niños ni los adolescentes como nosotros, acepté.
Dicen que la curiosidad mató al gato, y sí, es cierto, lo mató y lo remató. Aunque en nuestro caso no se puede decir que eso sea justo lo que pasó...
Bueno, la cosa es que decidimos trepar el patio trasero de su propiedad, el que estaba más alejado de la casa, y adentrarnos en su jardín. El lugar era precioso, con todos esos árboles, flores y demás plantas exóticas. No obstante, no nos sentimos atraídos hacie ellas. Lo único que llamo nuestra atención fue ese dichoso manzano que estaba en el medio de toda la vegetación.
Como si de una fuerza sobrenatural tirara de nostros, corrimos hacia allí, empujandonos, compietiendo por ser el primero en llegar y probar las apetitosas frutas. Adam se me adelantó. Él siempre había sido el más rápido en nuestras carreras y esta vez no fue menos. Sin embargo, al llegar me di cuenta de que no había cogido nada. Simplemente se había parado a esperar por mí, lo cual no me tenía ningún sentido. Claro que, cuando llegué y vi que la famosa manzana estaba fuera de su alcance lo entendí. El nunca había sido muy buen trepador. Por lo que me tocó a mí, encaramarme a las ramas y hacerme con ella.
- ¡Asi que admites que fue tu culpa.! Como bien dijiste yo me detuve al llegar, pero no porque no la alcanzara, sino porque me di cuenta de que había algo mal con ella.
- No fue mi culpa. Y para tu información yo nunca negué coger la manzana. Simplemente digo que tu no eres inocente, porque si mal no recuerdo estabas rogándome y suplicándome que me hiciera con ella para ti. Yo sólo hice lo que me pediste porque no pensaba que eso nos iba a fastidiar la vida. Simplemente era una travesura de críos. Además, quien la mordió fuiste tú, no yo.
- Sí, sí, lo que tu digas. Ahroa que ya has dejado tu punto de vista claro deja que yo cuente el mío.
Yo llegué antes al árbol y en seguida noté que había algo peligroso en él, nunca supliqué por la manzana. Eva lo interpretó mal y la cogió... Dice que por mí, pero en realidad fue por ella. Luego me tendió la manzana y de pronto perdí la razón. Ella estaba ante mí, roja y redondita, tan apetecible que se me hizo la boca agua. Brillaba bajo la luz del Sol y no pude evitar tomarla en mis manos y darle un pequeño mordisco.
Sabía al Paraíso.
El sabor se derramó en mi boca mientras saboreaba tan suculento manjar y entonces desapareció de mi mano. Rápidamente abrí los ojos y ví como Eva se la comía. Bueno, entera no, pero si le pegaba un mordisco bien grande. Intenté arrebatarle la manzana drogado por la misma pero de pronto todo se volvió negro y caí al suelo.
Cuando desperté ella se encontraba a mi lado, y en frente nuestra estaba el viejo Snake. Tenía el pelo largo y una barba que le llegaba hasta el pecho. Ambos blancos. Era alto, más que yo y más que cualquier otra persona que hubiese conocido. Caminaba apoyado en un bastón de madera con surcos grabados. Era viejo... muy viejo.
- Y poderoso.
- Sí, ahí tienes razón. Era poderoso, mucho. Y eso fue nuestra perdición. Eva dijo antes que la curiosidad mató al gato, pero en nuestro caso la curiosidad inmortalizó al gato.
- No tiene gracia Adam. No es ningún chiste.
- Ya lo sé, si no lo fuera no tendría deseos de matarte como lo hago, al fin y al cabo fuiste mi mejor amiga no hace mucho. Porque eso fue lo que el viejo nos hizo. Acabó con nuestra amistad para siempre.
- Tampoco seas así, el no dijo exactamente: "No podreis jamás volver a ser amigos". Eso sólo fue una de las consecuencias de su castigo.
- Fuiste tú la que dijiste que este no era un tema para bromear.
- Lo siento.
- Sin embargo tienes razón. Lo que el hizo fue mucho peor. Nos maldijo. Y ahora estamos condenados a odiarnos y a desear matarnos el uno al otro hasta que uno de los dos perezca.
En definitiva, ninguno podrá vivir hasta que el otro acabe con su vida. Y por eso es por lo que antes os decía que Eva es una razón para no morir: Si ella lo vive significa que yo ya no existiré, y valoro mi vida más que a nada en este mundo.


